martes, 29 de octubre de 2024

Un susurro

Las luces se miran en el asfalto,
las ventanas lloran.
El corazón se encoge y oculta
en algún rincón del alma rota.

No queda rastro de locura,
ni de ira, ni de miedo u otra cosa;
ya solo queda el silencio 
y las espinas de una rosa.

Siento un buitre orbitarme
y mi piel pudriéndose lentamente, 
pero la mente sigue incansable
indiferente a los trucos de la muerte.

Un pitido extraño me enreda el pelo
y los pulmones me sofocan,
una hiena me hunde el pecho
y mis dos hombros se rozan.

Ensayé años mis últimas palabras
por trascendencia entre los hombres,
y cuando sentí un filo en las entrañas
solo alcancé a decir tu nombre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario