Yo era un sauce milenario,
duro y viejo.
Solo yo eligiría si morir.
El zumbido de la mosca, funerario,
ahogando -tosco- a la abeja de abril.
No tenía fecha de caducidad
ni existía límite a mis raíces.
Saboreaba los nutrientes de la tierra,
memorizando todos los matices.
duro y viejo.
Solo yo eligiría si morir.
El zumbido de la mosca, funerario,
ahogando -tosco- a la abeja de abril.
No tenía fecha de caducidad
ni existía límite a mis raíces.
Saboreaba los nutrientes de la tierra,
memorizando todos los matices.
Poeta solitario, voz de la alemeda,
esta noche te pido: tú me has de oír.
A base de mi llanto soy nombrado,
pero mis hojas no son mi sufrir:
vive en la savia de mi corteza,
dentro de mi tronco, dentro de mí,
un corazón sangrante y humano
y una frágil alma de marfil.
esta noche te pido: tú me has de oír.
A base de mi llanto soy nombrado,
pero mis hojas no son mi sufrir:
vive en la savia de mi corteza,
dentro de mi tronco, dentro de mí,
un corazón sangrante y humano
y una frágil alma de marfil.
Yo seré un sauce milenario,
duro y viejo.
Solo yo eligiré si he de morir.
El zumbido de la abeja es funerario,
hace mucho que no llueve ya en abril.
duro y viejo.
Solo yo eligiré si he de morir.
El zumbido de la abeja es funerario,
hace mucho que no llueve ya en abril.
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