ni es la pena nada pena,
solo existe tu olor
y tu suave piel morena.
El poder del viento es tu sonrisa
y yo vivo en una nube,
y veo mover mi mundo
a cada que tu pecho sube.
Tengo margaritas en el pecho,
puñados de flores blancas;
y tú no te paras a olerlas
pero tampoco las arrancas.
¿Dónde estás, niña? Me faltas.
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