rehabilitarme de tu abrazo no era opción,
no había psicólogo para curarme
el mono de su agarre y su calor.
No había nada que pudieras hacer,
ni seguir, ni parar, ni soltar.
No hubiera cambiado mi parecer,
me controlabas. Sin más.
No había nada que yo pudiera hacer:
ni seguir, ni parar, ni olvidar.
Perdí la cuenta de veces que apunté
al corazón —sin disparar.
Y vi muriendo al amor cada día,
intentando no reaccionar
porque no supiera que se moría
o no se quisiera curar.
Me apunté de donante de corazón
y rogué que le hicieran una transfusión
para no recordar jamás que no me querías.
Para convencer a mamá de que no lo creía.
Mi psiquiatra no supo qué recitarme,
rehabilitarme —no era una opción,
no había psicólogo para curarme
el mono de tu agarre y tu calor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario