el calor de tus manos o el frío de tu mirada.
No sé qué me es más insoportable:
que lo digas todo o que no sientas nada.
No sé qué se me hace más desagradable:
si tus ojos de hielo o el fuego de tus palabras.
Y si te odio de verdad y repudio lo que dices,
¿por qué no te saco de las entrañas?
Te quiero.
Simplemente te quiero.
Como una alcohólica te quiero.
Con locura, sin tiempo para pausas,
tanto que se me cae el pelo.
Y yo que no quería pasión sino calma
por ti cien veces me condeno.
Porque posees mi alma.
Porque me miras y muero.
Porque me arrancas el odio de cuajo
y solo sangro te quiero.