Semillas de dientes de león en mis dedos
que no pueden cambiar lo que sientes.
A veces te cojo la mano y la tienes abierta,
agarrando un cuello.
Le pido un deseo a tus ojos,
estrellas fugaces del cielo.
A veces te araño la espalda y siento los arañazos en mi propio pecho.
Me arranco las pestañas de los ojos,
las soplo y no pasan del lecho.
A veces sales por la puerta y no me encuentro el pulso por más que me aprieto.
Otra vez que escucho tus palabras
y otra vez que me arrepiento.
No sabes a cuantas estrellas, pestañas y dientes de león
he pedido llorando en silencio que me entregaran tu corazón,
beso mis muñecas en cada hora espejo,
y todos los días me arrodillo y rezo;
si no tengo luces, tendré que cambiar la bombilla;
¿cúantos hombres, mi amor? ¿Cúantos clavos, mi astilla?
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