Arráncame la pena si puedes,
acaríciame las cicatrices.
Mi abuela ya estaba casada a mi edad
y yo no entiendo ni lo que dices.
acaríciame las cicatrices.
Mi abuela ya estaba casada a mi edad
y yo no entiendo ni lo que dices.
Tan pequeña en un mundo tan grande
y tan grande en un cuerpo pequeño;
y no hay nadie que a mi lado ande
y escuche sin fruncir el ceño.
Me dices que me quieres
y me pides que te quiera,
pero soy hoja de otoño
y tú flor de primavera.
No entiendes que la melancolía
te consumirá como una veka
y yo descuidaré la llama,
quemándote hasta la suela.
Arráncame la pena si quieres,
y bésame las cicatrices,
pero no hay simpleza en el mundo
que pueda ocultar mis matices.
No hay comentarios:
Publicar un comentario