Sus paredes eran azules.
Sus ojos, sus labios, su piel.
Como una acuarela húmeda
difuminada en el papel,
como un reflejo en el río
tambaleante y preso de él.
Sus paredes eran azules,
azules como su piel.
Sus ojos, sus labios, su piel.
Como una acuarela húmeda
difuminada en el papel,
como un reflejo en el río
tambaleante y preso de él.
Sus paredes eran azules,
azules como su piel.