escuché mi cabeza agrietándose en ella.
La sangre brillante caía en cadena;
se formaron olas (gracias, Luna Llena).
El fuego se fuma mi cigarro sin mí;
en el filtro, una sola marca carmín.
De su humo brota el asfalto —gris,
las nubes, la lluvia y una flor de lis.
Ayer, mi cráneo probó la porcelana.
No pude pararlo —pereza cotidiana
y la sangre, llena de bondad y belleza
besaba la vil grieta de mi cabeza.