que como torrentes imparables
desprendían infernales
los secretos de mi ser.
Crearon olas en mi cuarto
color rojo de mi sangre
que brotaba incesante,
expulsada del Edén.
Olímpicos improperios
divorciados de mi boca,
inexorablemente sucia,
esencialmente poca.
¡Oh, llantos cruciales!
¡Oh, devastadora ira!
Que me quemen en la pira,
yo ya conozco el dolor.