te hubieran encantado mis flores.
Hubieras observado mis praderas, admirada,
y mis cien campos de colores.
Antes del cemento y del hormigón,
antes de paredes y ventanas,
antes de la dura construcción,
antes de ser roca desolada.
Ojalá me hubieras conocido
con hierba creciendo en la espalda,
con margaritas en los oídos,
pre-civilazada.